Han pasado muchos años de mi partida. Se agolpan los recuerdos en mi mente y una tras otra, cobran nitidez, las imágenes de mi niñez. Quince años no son nada para una existencia humana pero al mismo tiempo son innumerables para la distancia. Entre esas vivencias surge la figura de un apuesto hombre frente al bastidor sostenido por el atril y la magia de colores que esparce el pincel deslizando el óleo en el lienzo blanco, dejando plasmadas las ideas y la creatividad del artista. ¡Cuánta admiración! ¡Cuánta genialidad!
Hoy cumplo 15 años; he esperado tanto este momento que me parece mentira estar preparándome para mi soñada fiesta. Desde que mi hermana festejara sus 15 años, no he dejado de pensar ni un solo minuto en “mi fiesta de 15”. Me imaginaba como una princesa a la espera de su príncipe azul, rodeada de amigos y parientes.
Sentada aquí en este patio tan querido por mí, observo la cantidad de jóvenes que esperan al igual que yo hace unos años, entrevistarse con las autoridades para buscar mi reemplazante. Me pregunto: ¿Quién será el o la agraciada? ¿Quién deberá pagar el derecho de piso?
“Hay quien obedece a sus propias reglas, porque se sabe en lo cierto; quien adivina algo más que lo que sus ojos ven y que prefiere volar” Richard Bach