

Marzo, otoño, atardecer.
Hora del ángelus.
Mi corazón palpitante late entre la espuma,
de recuerdos, de historia, de memoria…
Una grieta por donde entra la memoria,
y la historia se filtra sin pedir permiso,
y se enciende, resistiendo
al tiempo, al negacionismo.
Pronto las sombras lentamente lo cubrirán
y lo obligarán a desvanecerse,
a acallar sus latidos;
se esfumará entre la lucha y la censura.
Pero hay un hilo muy fino,
que conecta este corazón
con otros corazones que aún resisten,
en lo más profundo de cada ser.
Yo, aquí en Le Bleu, observando.
Cruzando la avenida, la ESMA.
Pasos nos separan.
Cincuenta años de historia nos separan.
Sin embargo, el corazón espumoso y el mío
laten en un mismo pulso,
al unísono…
junto a esos miles invadidos por las sombras.
Pasado, presente…
y un latir que no tiene olvido.